Fue a principios del siglo XX cuando comenzó a hablarse de ella en Europa por medio de costumbres y prácticas muy establecidas en Oriente como las artes marciales, los jardines japoneses o el arreglo floral. Lo que más llamaba la atención de artistas e intelectuales era la gran pureza estética y la profundidad de muchas de sus enseñanzas.
Las verdaderas raíces místicas y filosóficas del Zen se encuentran en la vida y enseñanzas de Buda.
Los colores son claros y tonalidades neutras, desde el blanco pasando por toda la gama de ocres al beige.
En materiales, la tendencia es la madera natural de haya. Los muebles que se utilicen deberán tener líneas simples y formas puras, que invitan al orden por fuera y por dentro.
Los objetos decorativos son pocos pero bien elegidos, como fuentes de feng shui, objetos de bambú, telas rústicas, cascadas. En las paredes se pueden colocar algunos cuadros de marco negro fino con figuras geométricas. Es vital para la atmósfera el uso de aromas suaves. La iluminación será indirecta para lograr un ambiente suave y sensual.
El objetivo debe ser la búsqueda de armonía y paz interior.


