Compartir los días con los más pequeños te llena de energía, te hace sonreir en cualquier momento y te deja pensando en otros. Tienen la capacidad para entenderse con pocas palabras, a veces casi con la mirada. Son 100% auténticos.
Se adaptan a las distintas situaciones de una manera natural y muy sana
(aunque esto depende casi en su totalidad de los padres)
Adaptarse a una nueva forma de alimentación tampoco es fácil, pero si entendemos que al otro "le hace doler la panza" es más sencillo.



